Identificaron a responsables de muerte de jaguar en Antioquia
Seis personas reconocieron ante las autoridades ambientales la autoría de los hechos.
Por: Redacción EL TIEMPO
Foto: Archivo particular
Una serie de fotos en donde aparece un grupo de personas que torturan y asesinan a un jaguar comenzaron a circular el pasado 17 de mayo en redes sociales
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Después de nueve días de investigación, la Policía Ambiental y Corantioquia lograron identificar a seis personas que aceptaron haber dado muerte a un jaguar en el municipio de Yondó, en el Magdalena Medio.
El caso pudo ser resuelto debido a la denuncia hecha por un ciudadano de la región, después de que el sábado pasado las alcaldías de Yondó y Puerto Berrío ofrecieran 5 millones de pesos como recompensa a quien diera información.
La denuncia pública fue hecha el pasado 17 de mayo, a través de la cuenta de Facebook de Juan Felipe Echeverri, que subió las imágenes donde aparece un grupo de personas que torturan y asesinan a un jaguar.
En el mensaje, Echeverri señaló que la captura y muerte del animal sucedió en inmediaciones de su finca, en donde la familia y los trabajadores habían puesto mensajes de ‘No cazar’, para tratar de proteger esta especie que está en vía de extinción.
“Mataron a este hermoso jaguar que no molestaba ni le hacía daño a nadie, por favor comparte estas imágenes”, señala el mensaje.
Ante estos hechos, funcionarios de la Corporación Autónoma Regional del Centro de Antioquia (Corantioquia) comenzaron un recorrido por la zona. Pero solo hasta el pasado lunes, cuando recibieron la denuncia, pudieron llegar al lugar de los hechos.
Según el director de Corantioquia, Alejandro González, los responsables aceptaron los cargos, dieron información sobre el cuerpo del animal y entregaron algunas pruebas.
"El día de hoy estamos imputando cargos a estas personas desde el punto de vista sancionatorio ambiental, que los puede llevar hasta multas de 3.5 millones de pesos y, en paralelo, les estamos entregando a la Policía y a la Fiscalía el informe técnico para el proceso penal", dijo González.
El Acuerdo de París es una condena explícita y tajante a la pretensión de edificar ochenta mil viviendas en la reserva ecológica Thomas van der Hammen.
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Una cosa es firmar un acuerdo y otra cosa es cumplirlo. O como decían por experiencia nuestros abuelos, bisabuelos y tatarabuelos, “del dicho al hecho hay mucho trecho”. El presidente de Colombia, junto con mandatarios de otros ciento setenta y cuatro países, suscribió, en nombre de la República, el pasado 22 de abril en la Asamblea de las Naciones Unidas, la ratificación del Acuerdo de París sobre la lucha contra el cambio climático. Una vez que el Congreso Nacional, conformado por los ciudadanos más probos, virtuosos, inteligentes, sabios, trabajadores y honestos con que cuenta la Nación, elegidos por sus confiados conciudadanos para hacer leyes justas, apruebe lo actuado por el presidente Juan Manuel Santos en Nueva York, el Acuerdo de París tendrá plena vigencia para Colombia.
Falta por ver si el trecho entre el dicho y el hecho es recorrido con serena celeridad por los honorables parlamentarios, o si, de acuerdo a la costumbre, se dan mañas de volverlo interminable, expertos como somos en mamarles gallo, con la debida solemnidad, a los compromisos contraídos, sobre todo en materia internacional. Cuántos de los que se han rubricado, desde tiempos inmemoriales, duermen un sueño plácido en las gavetas del olvido.
Para ser aprobado por el Congreso, el Acuerdo de París contra el cambio climático no requiere mayor discusión. Esa tarea la hicieron a cabalidad los científicos y especialistas que analizaron el problema durante años y que llegaron a la conclusión del peligro de extinción en que se encuentra la raza humana como consecuencia del cambio climático. El único motivo de morosidad en la aprobación del Acuerdo de París por el Congreso colombiano sería la acción de los grupos privados que ven ese acuerdo como perjudicial para sus intereses; pero los colombianos sabemos que nuestro Congreso es un nido de patriotas de la más alta calidad, que nunca pondrían los intereses particulares por encima del interés general de la Nación. (Escucho por ahí risitas irrespetuosas, pero no les haré caso, no hasta el final de la columna, en que recibiremos un golpe de ‘fracking’).
Tal como lo informa EL TIEMPO (23/4/2016), una vez refrendado por el Congreso colombiano el Acuerdo de París, “el país quedará comprometido a frenar la deforestación, cambiar los modos de transporte en las ciudades, sustituir en la industria los derivados del petróleo, apostarle a energías renovables y mejorar los rellenos sanitarios, entre otras tareas”.
Por lo que a Bogotá respecta, el Acuerdo de París la obliga a ajustar su plan de desarrollo a esos compromisos de lucha contra el cambio climático y a la consecuente protección del medioambiente.
Primero: incrementar la arborización de la ciudad, que hoy tiene un déficit de árboles cercano al ochenta por ciento de su área total. En la primera administración del alcalde actual, la entonces directora del Jardín Botánico, María Consuelo Araújo, tenía preparado, con el aval del alcalde, un plan para arborizar con robles las principales avenidas y calles de la ciudad. El roble es una de las especies más nobles, protectoras y decorativas, y el árbol que más se adecúa al clima y a la configuración geológica de la capital. Sin embargo, el plan de la doctora Araújo se quedó en veremos. Lo sucedieron un furioso arboricidio y una intoxicación urbana con cemento, que todavía padecemos por cuenta de la segunda administración de Mockus.
El Acuerdo de París es una condena explícita y tajante a la pretensión del alcalde Peñalosa, y de un grupo de constructores ‘encementadores’, de edificar ochenta mil viviendas en la reserva ecológica Thomas van der Hammen, principal pulmón urbano que hoy les permite a los habitantes de Bogotá respirar un aire todavía puro, y no uno venenoso y letal como el que tiene en serios apuros a Ciudad de México. La reserva Thomas van der Hammen debe ser conservada en calidad de gran parque ecológico y protegida a toda costa. ¿Qué tal que un alcalde de Nueva York propusiera llenar de edificios ‘los potreros’ del Central Park? No duraría 24 horas en el cargo. La reserva Thomas van der Hammen equivale en Bogotá al Central Park neoyorquino.
Segundo: cambiar los modos de transporte en las ciudades. Significa elaborar un plan de sustitución paulatina, a veinte o veinticinco años, del parque automotor actual de gasolina, por vehículos eléctricos. Y deben reemplazarse los buses diésel de TransMilenio por buses de modo eléctrico, y así todo el servicio de transporte público masivo. Planificar la construcción de por lo menos seis líneas de metro subterráneo de aquí al 2038, y de una red de tranvía eléctrico que cubra la ciudad en las vías por donde no circule el TransMilenio, y tomando como eje la carrera séptima en el curso completo de su trayecto desde el extremo sur hasta el extremo norte. Continuar y acelerar el programa de taxis eléctricos iniciado por la administración Petro. Será la revolución del transporte público urbano, en Bogotá y en Colombia, para el siglo XXI. En Medellín ya la comenzaron.
Tercero: apostarle a las energías renovables. No creo que sea posible eliminar del todo el suministro tradicional de fluido eléctrico para el alumbrado público y domiciliario, o para el uso industrial, al menos en los próximos cincuenta años; pero sí debe adoptarse de inmediato una ley que obligue a constructores, arquitectos e ingenieros a diseñar en adelante edificios que empleen para su iluminación paneles solares o eólicos.
Los otros ítems: mejorar los rellenos sanitarios, sustituir el uso de los derivados del petróleo, etc., resultan tan obvios que, aún sin un acuerdo mundial contra el cambio climático, son parte de las obligaciones inherentes a cualquier administración, y lo inexplicable es la indolencia con que se les aborda.
Es claro que los nuevos desafíos para el mejoramiento de la calidad de vida urbana no pueden recaer exclusivamente sobre los hombros de los alcaldes ni de los funcionarios. A la ciudadanía en general le compete actuar en la vigilancia, colaboración y verificación del desarrollo y cumplimiento de los puntos suscritos en el Acuerdo de París, que traerán un cambio trascendentalmente benéfico para los habitantes de las ciudades grandes, medianas y pequeñas, en el siglo XXI.
Ellos trabajan para ser recicladores con todas las de la ley
Decreto 596, del 11 de abril, permite atender a los recicladores de oficio y a sus organizaciones.
Las puertas 7 y 8 de la entrada a Corabastos sirven como punto de encuentro para sumergirse en las bodegas de reciclaje del barrio María Paz, en el sector de Kennedy, en Bogotá.Luis Alberto Romero, líder de la Entidad Medioambiental de Recicladores ESP (EMRS), sirve de guía hasta la casa de tonos verdes y dos pisos donde opera esta organización de recicladores de oficio; esos que recorren en las noches las calles y escarban entre la basura para escoger y rescatar material que puede ser aprovechado.Sin embargo, no es solo la defensa por este oficio y la forma como recita de memoria leyes y normas relacionadas con el reciclaje lo que sobresale en el discurso de Romero, sino su obsesión por un modelo solidario y equitativo dentro del gremio:“En EMRS todos trabajan y ganan igual”, enfatiza Luis Alberto.Consuelo Ocampo dice que al día llegan a EMRS unos 40 socios con material para reciclar, en total son 88 recicladores. La bodega abre a las 7 a. m., luego de que ella y su familia se trasladan desde el sector Paraíso, en Ciudad Bolívar, para darle apertura a este local. Consuelo es la madre de Luis Alberto, y quizás por eso ‘hablan en el mismo idioma’.
“Acá todo es igualitario, o todos en la cama o todos en el suelo”, dice.
Desde hace cuatro años esta entidad, que está habilitada por la Unidad Administrativa Especial de Servios Públicos (Uaesp), ha trabajado en aplicar normas que le permitan consolidarse en el futuro como una de las organizaciones de recicladores de oficio más importantes a nivel distrital y nacional.
Para ello, además de haberse organizado como prestadores de este servicio, llevan a diario un registro en computador con el nombre del reciclador, el tipo de material y cantidad que entrega, el nombre de la fuente donde se recicló el material o del barrio (si lo hizo en la vía), el peso y hasta en qué medio –(carro) Chana o camión– lo transportó a la sede de EMRS. Fuera de contar con un portafolio de servicios, diseñado en papel reciclado, y un plan de fortalecimiento empresarial, entre otros. Aunque lo anterior es casi el paso a paso por cumplir que señaló el Decreto 596 del 11 de abril del 2016, del Ministerio de Vivienda, para Luis Alberto Ramos aún hay muchos obstáculos que superar: “Si nosotros, que estamos cumpliendo gran parte del proceso, tenemos dificultades importantes como los programas para sistematizar la información en los computadores, la capacitación en estos y la falta de apoyo en infraestructura, imagine los que ni siquiera se han organizado”. Este decreto debe ser aplicado por las alcaldías, que tienen que facilitarles herramientas a los recicladores en máximo un año. Acá el reto será pasar del papel a la implementación.
Decreto 596, un paso a la formalización
El Decreto 596, del 11 de abril del 2016, entre otras disposiciones, permite atender a los recicladores de oficio y a las organizaciones que ellos conformen en el país. Sin embargo, son los gobernantes locales del país quienes se encargarán de que la norma opere en las ciudades a su cargo.El proceso de formulación del Decreto 596 empezó un año atrás y, según el Ministerio de Vivienda, contó con la participación de trabajadores de este gremio en 13 ciudades como Bogotá, Medellín y Bucaramanga. A partir de las mesas de trabajo, con 70 propuestas, de 91 líderes del reciclaje del país, se constituyó la columna vertebral.Aunque la norma entrará a regir en junio, cada ciudad tiene de máximo un año para hacer el tránsito a la nueva ley.Existen ocho fases que los recicladores deben cumplir para la formalización, algunas de ellas son: registro de la organización, definir el área de prestación, registro de las toneladas transportadas, toneladas aprovechadas y registro de factura del material.
El ahorro de energía de este sábado fue del 3,44 por ciento
La cifra nuevamente bajó y se situó casi cinco puntos abajo de los datos alcanzados este viernes.
El nuevo balance de ahorro de energía del país mostró los datos alcanzados este sábado, en los cuales se logró una cifra del 3,44 por ciento, casi cinco puntos menos de los alcanzados el viernes, en donde se llegó al 3,91 %.
El Gobierno nacional inició esta semana una medida para reducir el uso de energía en el país. Esta decisión se tomó para evitar un posible racionamiento o apagón, debido a los efectos del fenómeno del Niño y las fallas en algunas hidroeléctricas en el territorio nacional. (Lea también:'Lluvias actuales no son suficientes para evitar un apagón': Ideam)
Este viernes, el presidente Santos reiteró el llamado a todos los colombianos para que “ponga su granito de arena” para alcanzar la meta, que está en el 5 por ciento diario, y permanecer ahí, recalcó que por eso “tenemos que hacer un mayor esfuerzo todos”.
El ahorro de este sábado en las regiones fue así: Bogotá y Cundinamarca, 3,62 %, Región Caribe 3,56 %, Región antioqueña (incluye Chocó) 3,32%, Nordeste (Santanderes, Arauca, Boyacá y Casanare) 3,22 % y Valle del Cauca 3,22 %.
RECUPERACIÓN DE LA CUENCA HIDROGRÁFICA DEL RIÓ BOGOTA:
Vigilarán estudio de suelos que harán en cuenca del río Bogotá
Los estudios del suelo de la cuenca del río Bogotá, que determinarán cómo se pueden ordenar sus terrenos y que están a cargo de la Corporación Autónoma Regional (CAR), contarán con la interventora del Instituto Geográfico Agustín Codazzi (Igac).Estos trabajos, que fueron adjudicados al Consorcio Huitaca, definirán en las 593.295 hectáreas distribuidas en 47 municipios de Cundinamarca, las características físicas del terreno del río para ajustar y actualizar el Plan de Ordenación y Manejo de la Cuenca Hidrográfica (Pomca).Con los resultados que se obtengan se logrará especificar cuáles zonas son apropiadas para uso agrícola, ganadero y de reserva. También el estudio pretende evaluar el comportamiento del suelo debido a las variaciones climáticas, es decir, que estos resultados se tendrán en cuenta para organizar planes que enfrenten los riesgos por desbordamientos de agua en caso de lluvias.El Igac, que estará encargado de vigilar dichos estudios, comenzará con sus trabajos a finales de julio y terminaría en 18 meses. Asimismo, estará a cargo de la interventoría técnica, administrativa, contable y jurídica de estas muestras y también aportará su conocimiento e infraestructura necesarios.“Nos vamos a encargar de evaluar detalladamente este estudio de suelos y capacidad de uso de las tierras, y, además, participaremos en las audiencias públicas, mesas de trabajo, recorridos de campo, elaboración de documentos y de cartografía, visitas de seguimiento y toma de muestras”, explicó Juan Antonio Nieto, director del Igac.La CAR solicitó esta interventoría desde el año pasado y se logró suscribir el contrato entre ambas entidades la semana pasada, la cual tiene un costo de casi 600 millones de pesos.“La CAR seleccionó al Igac debido a que somos la única institución idónea a nivel nacional para llevar a cabo el seguimiento, de asegurar que el consorcio cumpla con la metodología establecida para los levantamientos de suelos y por contar con la oficialidad del estudio”, dijo Nieto.Este proceso es llevado a cabo en cumplimiento de la sentencia del Consejo de Estado, impuesta el año pasado, para salvar el río Bogotá y en la que se les ordena a 19 entidades nacionales realizar las acciones correspondientes para recuperar este cuerpo de agua.Lo que ha adelantado la CAR, desde hace dos años, ha sido adquirir casi 6 millones de predios, los cuales pertenecían en su mayoría a agricultores y ganaderos. Asimismo, ha realizado procesos de dragado, los cuales lograron que el cauce del río pasara de tener 30 metros de ancho a 60 metros.
Jardín Botánico de Medellín educa para el cambio climático
Este fenómeno es considerado una de las mayores amenazas medioambientales en el mundo.
La variación cada vez más extrema de las lluvias y el incremento en la temperatura a escala global es la evidencia tangible de que el cambio climático es una realidad. Medellín y el valle de Aburrá ya afrontan sus consecuencias: en las últimas tres décadas el incremento en la temperatura del aire ha sido de 0,25 grados centígrados, un promedio dos veces superior que el global y nacional; lo que explica que los incendios forestales sean cada vez más frecuentes en áreas rurales, como lo evidencian los reportes de los últimos meses para Medellín.El cambio climático es considerado una de las mayores amenazas medioambientales en el mundo por sus consecuencias negativas para los seres vivos; pero también afecta a la industria y la economía en todas las escalas de lo local a lo global. Para afrontarlo, los científicos del Jardín Botánico Joaquín Antonio Uribe de Medellín trabajan en su mitigación y adaptación, articulando para ello la investigación y la educación.En la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, este fenómeno es definido como “un cambio de clima atribuido directa o indirectamente a la actividad humana que altera la composición de la atmósfera mundial y que se suma a la variabilidad natural del clima observada durante períodos comparables”. Para contrarrestar sus efectos, se requiere fortalecer la investigación y la educación ciudadana.Conscientes de ese reto, desde hace varios años los integrantes del grupo de investigación en Servicios Ecosistémicos y Cambio Climático (SECC) del Jardín Botánico trabajan en ello. Uno de sus estudios fundamentales es sobre el papel que desempeñan los bosques tropicales en las emisiones de CO2, el principal gas efecto invernadero. Según sus declaraciones, “los bosques tropicales almacenan una porción importante del carbono a escala global y su conservación es un componente fundamental de los esfuerzos globales por mitigar el cambio climático”. Su objetivo es analizar la composición, estructura y dinámica de crecimiento de la vegetación para entender el efecto del clima en el ciclo del carbono de los bosques y de otros ecosistemas del país como los páramos, en procura de entender el impacto de las actividades humanas y buscar soluciones para evitar su degradación.En procura de ese objetivo, el grupo SECC, en colaboración con investigadores de otras 10 universidades nacionales, lograron construir la mayor base de datos que existe en Antioquia y en Colombia sobre estructura y diversidad de los bosques nativos. La información que arrojó esta investigación ha sido útil para varios propósitos. Por ejemplo, se contribuyó para que el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales de Colombia (Ideam) desarrollará las primeras estimaciones y mapas de carbono forestal a escala del país en el 2010; un ejercicio similar se pudo hacer para Antioquia en el 2014.
Colombia
debe invertir $ 3,1 billones al año por pacto climático
En una cifra récord, el acuerdo global logrado en
París fue firmado en Nueva York por 175 países.
Frenar la deforestación, cambiar los modos de
transporte en las ciudades, sustituir los derivados del petróleo en la
industria, apostarles a las energías renovables y mejorar los rellenos
sanitarios son algunas de las acciones que en los próximos años tendrá que
hacer el país para cumplir con la meta fijada en el Acuerdo de París, el primer
tratado global contra el cambio climático.
Lograr estas transformaciones le costará al país cerca
de 3,1 billones de pesos anuales, lo que representa cerca del 0,15 por ciento
del producto interno bruto del 2015, según concluyó una investigación del
Departamento Nacional de Planeación (DNP).
Estos compromisos ya deberán empezar a planearse
debido a que el jueves, Día de la Tierra, el presidente Juan Manuel Santos
firmó este tratado, durante un evento oficial de Naciones Unidas en Nueva York
(EE. UU.), donde también otros 175 representantes de los gobiernos dieron el
primer paso para ratificar el pacto alcanzado en diciembre del año pasado,
durante la Cumbre del Clima en París.
En la convención del año pasado se logró comprometer a
195 países en limitar el aumento de la temperatura global, “bien por debajo de
2 grados centígrados”, para finales de este siglo, ya que de sobrepasar este
umbral, las consecuencias en desastres naturales y daños en los ecosistemas
pondría en riesgo el futuro del planeta. (Vea nuestro especial multimedia: COP
21: El futuro del planeta se juega en París)
Cumplir
la meta
Aunque Colombia solo emite el 0,46 por ciento de las
emisiones globales de gases de efecto invernadero, causantes del calentamiento
de la Tierra, la deforestación acelerada de sus selvas, entre ellas el Amazonas
–que es el gran pulmón del mundo–, ponen al país en la mira del mundo para que
se comprometa con el cambio climático.
El año pasado en París, Colombia presentó su plan
nacional de mitigación (conocido en inglés como INDC); en este se comprometió a
reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero en un 20 por ciento
respecto a un escenario proyectado para el año 2030. (Además: Santos destaca en
la ONU beneficios de la paz para el medioambiente)
Hacer realidad esa meta implica los 3,1 billones de
inversiones anuales que calcula el DNP. El sector transporte requerirá del 69
por ciento de esos recursos, mientras que “el sector agropecuario y de cambios
en el uso del suelo solamente requerirá 15 por ciento”, según el informe.
El documento también asegura que cumplir con el
compromiso ambiental traerá como beneficios un aumento del PIB de 0,7 por
ciento en el año 2030 y de 2,3 por ciento en el 2040.
Además, para ese último año se espera que se generen
540.000 empleos por cumplirle al planeta. Precisamente, en su intervención en
Nueva York, el presidente Juan Manuel Santos señaló que la paz traerá
dividendos ecológicos, como que “convertirá a los actores del conflicto en
aliados que, en lugar de proteger los cultivos ilícitos, ayudarán a
sustituirlos por cultivos legales y sostenibles, y a restaurar y cuidar
nuestros bosques, que han sufrido por el conflicto y el narcotráfico”.
Falta
la ratificación
Otros 60 jefes de Estado y de gobierno participaron en
la ceremonia. Entre ellos, la presidenta Dilma Rousseff de Brasil, el
presidente francés, François Hollande; el viceprimer ministro chino, Zhang
Gaoli; el primer ministro canadiense, Justin Trudeau; el primer ministro
italiano, Matteo Renzi y el secretario de Estado estadounidense, John Kerry.
“Nunca antes un número tan grande de países había
firmando un acuerdo internacional en un solo día”, dijo Ban Ki-moon, el
secretario general de la ONU. (Además: Las claves para entender lo acordado en
París)
Para que el acuerdo entre en vigor se necesita ahora
que al menos 55 países, que sumen en total el 55 por ciento de las emisiones de
gases efecto invernadero globales, completen el proceso de ratificación.
Quince, en su mayoría pequeños Estados insulares, lo hicieron
el viernes y se espera que a lo largo de este año sigan el camino muchas otras
naciones. En la mayoría de los casos, los países necesitan que el texto sea
aprobado por sus congresos.
Los dos mayores contaminadores del mundo, Estados
Unidos y China, se comprometieron a completar esos procesos este año y, en el
caso de Pekín, antes de la cumbre del G20 prevista para septiembre.
Por su lado Francia, que lideró las negociaciones de
este primer acuerdo global contra el cambio climático, espera que su parlamento
autorice la ratificación “de aquí al verano”, según dijo el presidente,
François Hollande, quien fue el primero en firmar ayer el acuerdo.
Las intervenciones de los líderes mundiales subrayaron
el sentimiento de urgencia para actuar contra el calentamiento global y la
necesidad de ir más allá de los compromisos del Acuerdo de París. (Lea también:
Acuerdo climático de París, un convenio para la paz y la prosperidad)
Leonardo
DiCaprio pide más acciones
En su intervención durante la ceremonia de firma del
Acuerdo de París, el reconocido actor
Leonardo DiCaprio, defensor de las causas ambientales,
exigió a los líderes de todo el mundo ir más allá de los acuerdos contra el
cambio climático y advirtió que “el planeta no se salvará si no dejamos los
combustibles fósiles bajo tierra, donde pertenecen”.
“El mundo los
está mirando. Ustedes serán aclamados o vilipendiados por las generaciones
futuras”, advirtió el intérprete, quien es mensajero de la ONU para el cambio
climático.